– Lunes, 14 de Diciembre de 2009
Por la ventana se lograba observar a ese horrendo muñeco de pies torcidos, que apresaba además muchas monedas en sus piernas; su boca estaba abierta, daba la impresión de estar a la espera de que le cayeran muchas más; con un sombrero desvencijado y roído quizás por ratas, también hambrientas como él. Sólo después de un rato me pude percatar del casi silencio que rodeaba aquella habitación, sonaba una música de fondo, era Frank Sinatra cantando con Sting "I´ve got you under my skin", empecé como de costumbre a reírme por cosas que sólo a mi me importan, después ella llegó, se cambió y nos fuimos para el baile.
Inmersas en el ruido, vi de nuevo al muñeco del sombrero, me siguió hasta la pista, le accedí bailar, al abrazarlo un poco, sentí cómo su cojera no permitía la coordinación de los pasos, mi cuello se tensó, y pocos minutos después supe que me acababa de degollar; detrás estaba ella, luego también la mató del mismo modo.
Pese al infierno de tierra que he debido soportar, sigo recordando al muñeco, y luego a ella, y a veces se intercambian en mi cabeza el orden en que aparecen y desaparecen.
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