Las palabras se concatenan para no seguir desoladas. Divagan ante el riesgo de ser mentadas, vaciadas, reconstruidas... Vuelan sobre cielos claro-oscuros, en un aletear que es siempre prolongado. Cada una de sus letras son como gotas de cristal desparramadas en la hierba, siguiendo el cauce que las une; para que luego, una lluvia memoriosa las retorne incansablemente (...)
sábado, 7 de agosto de 2010
JUEVES 11 DE FEBRERO DE 2010
Día V: Está bien, yo tampoco, a veces, sé decir cosas que suenen bonitas, es diferente cuando se trata sólo de ser amable, eso es fácil, pero ser cariñoso, esas cosas… eso es distinto. Pero qué pasa entonces cuando uno está emocionado con ver a alguien, o con decirle cosas que se sienten, y no lo hace, el caso sí es grave, al menos para uno, porque se siente raro, tonto, -de hecho lo es- y termina diciendo algo tan trivial que no justica ni en poca medida todo lo que de verdad le pasa a uno por dentro. El otro, o mejor decirlo ahora, ella, tampoco lo sabe, y hasta es posible que se diga (puede que eso ni haya ocurrido ni vaya a ocurrir): qué estupidez la que me dijo, qué falta de ingenio, de tacto… y yo me quedo divagando, observando cómo todo sigue siendo confuso en este espacio de mis sentidos que representan una realidad alterna al deseo...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario