Después de correr hacia la puerta quise devolverme, pero todo lo que estaba físicamente contemplado se fue esfumando sin tiempo, sin mesura, y yo, que me jacto de desvariar, fui tan elocuente, que no dejo de romper botellas por las avenidas de esta pequeñísima ciudad, aún sin preguntarle por qué lo sigue haciendo. 9:48 p.m. 26 enero, 2010.
II Día: (...) Miércoles 3 de Febrero de 2010 - 10:45 p.m.
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