Las palabras se concatenan
para no seguir desoladas.
Divagan ante el riesgo
de ser mentadas, vaciadas, reconstruidas...
Vuelan sobre cielos claro-oscuros,
en un aletear que es siempre prolongado.
Cada una de sus letras
son como gotas de cristal
desparramadas en la hierba,
siguiendo el cauce que las une;
para que luego, una lluvia memoriosa
las retorne incansablemente (...)
sábado, 14 de agosto de 2010
Desde hace algún tiempo, me he arrastrado vascilante por el mundo, y ahora, soy quien se fuma las colillas de un tiempo ausente, quien ya no quiere repetir las calles
donde alguna vez pudo darle besos mediados por un tango triste ...
A mi me gustan las colillas de cigarrillo.
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